Un profesor me enseñó que el primer asiento contable de apertura de una empresa funeraria era Clientes a Caja. Pero ahora no me estoy refiriendo a la de pino, sino al nuevo régimen especial del criterio de caja que, en el ámbito del IVA, han aprobado las Cortes con la Ley 14/2013, de apoyo a los emprendedores y su internacionalización. Las modificaciones legales sobre el criterio de caja surtirán efecto desde el 1 de enero de 2014.

La crisis económica ha provocado la aprobación (tarde, aunque bienvenida) de este régimen que tiene el claro objetivo de aliviar económicamente a cerca de 1.300.000  autónomos y a más de 1.000.000 de pymes, según cálculos provisionales del Ministerio de Hacienda. Nos referimos a todos aquellos empresarios cuyo volumen de operaciones durante el año natural anterior no hayan superado los 2.000.000 de euros, y que, según valoración de los Técnicos de Hacienda (GESTHA), han asumido anualmente unos 1.556 millones de euros de IVA, que no han ingresado.

¿Y en qué consiste este nuevo régimen especial y voluntario? En que el empresario que se ve obligado a repercutir el IVA en su factura no tendrá que ingresar el mismo en los plazos legalmente habilitados hasta que no lo cobre, total o parcialmente. O si este no se produce, al 31 de diciembre del año posterior a aquel en que se haya realizado la operación. Es decir, se retrasa el devengo del IVA de todas las operaciones que se entiendan realizadas en territorio de aplicación del impuesto, salvo las propias excepciones previstas en la Ley.

Esta es la parte dulce de la norma, que también tiene su lado amargo. El derecho a la deducción del IVA soportado por el sujeto pasivo acogido al régimen especial se difiere también al momento del pago total o parcial del precio y, si éste no se produce, al 31 de diciembre del año inmediato posterior a aquel en que se haya producido la operación.

¿Y qué ocurrirá con aquellos sujetos pasivos del IVA que contraten con empresarios o profesionales que se hayan acogido al criterio de caja? Pues que verán también diferido, por dichas operaciones, el nacimiento del derecho a la deducción del IVA soportado al momento del pago total o parcial del precio o, si éste no se produce, al 31 de diciembre del año inmediato posterior a aquel en que se haya concretado la operación. Ello supondrá que los sujetos pasivos de IVA, no acogidos al régimen de caja, puedan tener, en función de quién sea su proveedor de bienes o servicios, dos regímenes de deducibilidad de su IVA soportado.

En resumen, no es todo como en la película Bienvenido Mr. Caja. Pymes y autónomos tendrán que justificar los cobros o pagos para devengar o deducir el IVA. Para Hacienda, la  aplicación del IVA de caja "puede multiplicar el fraude y complicar la gestión", según estima Ramsés Pérez Boga, vicepresidente de la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE).

Comparto las inquietudes de ambas partes. Pero creo que, en este caso, la caja del pequeño y mediano empresario debe primar sobre la caja grande del Estado.