El aeropuerto internacional de Sao Paulo se llama oficialmente “Governador André Franco Montoro” y está situado en el distrito de Cumbica, un paraje cuya denominación proviene etimológicamente de la palabra usada en lengua tupí para “niebla”. Así que no se sorprendan cuando lo encuentren cerrado por falta de visibilidad. El distrito de Cumbica pertenece al municipio de Guarulhos, que con su millón y cuarto de habitantes es la segunda población de su Estado y la mayor ciudad no capital de Brasil. 

Por Andoni Hernández

Por Andoni Hernández

Pero lo que es verdaderamente importante a los efectos de esta entrada es que “Guarulhos” se pronuncia aproximadamente “guarullos”, en transcripción fonética [guaruʎos].

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Vista de la ciudad de Guarulhos. Fuente: Wikipedia.

Hace unas semanas mi socio y amigo Jaime Llopis abría fuego en el apartado latinoamericano de este blog con un clásico, el de la seguridad jurídica (por cierto, materia objeto de estudio en un importante Congreso recientemente organizado por la Cátedra de Cultura Jurídica de la Universitat de Girona), para más tarde proseguir con una afilada disección del socio local. Tomando su guante vengo a aportar la visión complementaria de tan legendaria institución que, tal que ying y yang pero sin garantía de armonía, vive de la interacción con otro ente singular al que le debíamos la explicación que aquí venimos a pagar: el socio extranjero.

El socio extranjero del que vamos a abjurar aquí es el que llega a Sao Paulo pronunciando [guarulos], se va de Brasil convencido de que “esto es como España hace 30 años” también pronunciando [guarulos] y entre un momento y otro ha prorrumpido irrefrenablemente no menos de dos docenas de veces expresiones como “eso no puede ser así”, “en España eso lo hacemos asá” y “pues va a haber que encontrar la manera”.

Aunque publicado en 2007, el informe “Internacionalización de la empresa española. Cooperación empresarial e inversión exterior” del Servicio de Estudios de las Cámaras de Comercio sigue presentando abundante información sobre la opinión y la actitud de la empresa española en relación con las diferentes vías de internacionalización. Uno de los muchos datos que encontramos es que la empresa española que opta por modelos de cooperación para su actividad internacional en pocas ocasiones lo hace con un socio extranjero en origen (menos del 30%) y en la práctica totalidad de las veces lo hace en destino (96%). Así pues, vemos que el paso de “empresa española” a “socia” y a “extranjera” obedece casi exclusivamente a su proyecto de internacionalización: se hace “socia extranjera” de otra (su socio local) porque está convencida de que lo necesita para el éxito de su iniciativa en el exterior.

No más tarde del segundo párrafo de la primera página de cualquier manual de “cómo hacer negocios en el exterior” se habla de la importancia de que el extranjero introduzca en su proyecto elevadas dosis de respeto al autóctono y adaptabilidad al medio local. Trasladar rígidamente las categorías propias a la hora de hacer negocios en otros países (especialmente en los del continente americano al sur de Río Grande que constituyen el ámbito geográfico de este apartado del blog) es una manera particularmente exitosa de apostar al fracaso de un proyecto. Y eso por lo que hace a modos y hábitos, porque mejor ni hablar si ese mismo criterio se sigue con relación a las normas legales: en ese caso el premio se llamará multa, sanción o juicio.

En un momento como éste, en el que los recursos disponibles son aún más escasos y malgastarlos en una oportunidad de internacionalización puede ser dramático, no siempre hay que buscar la explicación de las experiencias fallidas al otro lado del Atlántico.

Al examinar los proyectos desde el lado del inversor se puede comenzar por preguntar si en cada proyecto se ha analizado con cuidado, profundidad y la diligencia debida su viabilidad, si se han tenido en cuenta las eficiencias o ineficiencias de las estructuras de inversión, si se ha valorado el coste de financiación y de mano obra especializada o la mera posibilidad de obtenerla, si se han medido prudentemente los plazos, si se ha sido consciente de las restricciones regulatorias o de la reacción de la competencia… Y también si se ha considerado la idiosincrasia del país y respetado su personalidad. La palabra mágica es “planificación”.

Para acabar, dos reflexiones adicionales: la primera, que el empresario mutado en socio extranjero suele alcanzar su puntito personal de irritación al sentirse tratado en muchas jurisdicciones como un sujeto sospechoso o capitidisminuido, y a veces no está de más recordar que el trato es, simplemente, muy parecido al que se le exigirá al local cuando sea extranjero en la jurisdicción del otro; la segunda, que lo que siempre hay que tener presente es que las normas, sencillamente, están para ser cumplidas: el socio extranjero a veces se pasa de frenada y hace fuera aquello que nunca haría en casa porque piensa que por ahí nadie lo persigue o que allí todo el mundo lo hace, argumentos cualquiera de ellos de una solvencia jurídica digna del mejor Kelsen, cuando no del articulado de las FCPAs de turno.

En fin, echemos una mano entre todos al socio extranjero que sufre el atasco hacia [guarulos] con el bendito objetivo de desarrollar exitosamente sus proyectos en su siguiente viaje al “país carioca”, para que entre tanto mejore su pronunciación y acierte con el gentilicio.

Nota: son muchas las iniciativas públicas, privadas o en colaboración que son útiles para que el futuro “socio extranjero” adquiera informaciones y conocimientos sobre los mercados internacionales. Una de ellas es “Mercados ICEX”, por la que se puede acceder a valiosa información económica, política y social, con oportunidades de negocio, consejos de expertos, información legal, estudios de mercado, casos de éxito, información práctica y los servicios que ICEX pone a disposición. El primer país disponible en “Mercados ICEX” es Brasil, una iniciativa en la que Cuatrecasas, Gonçalves Pereira ha tenido el honor de participar.