Jaime Llopis apunta en su artículo inaugural en el blog la necesidad de una previa planificación en los proyectos empresariales en América Latina. Compartiendo esta reflexión, haciéndola extensiva a los proyectos internacionales en general y escorando la planificación al ámbito contractual, en mi opinión, dicha planificación requiere de un exhaustivo análisis de las fórmulas contractuales que están a disposición de los empresarios con el fin de acertar en su elección y de conseguir una relación contractual duradera.

Pablo Paisán

Por Pablo Paisán

Si bien es fundamental no errar en la elección del compañero de viaje, igual de importante es elegir el contrato apropiado, redactando sus clausulas de forma concienzuda, artesanal y con vocación de permanencia y estabilidad porque no hay que olvidar que el contrato va a ligar a las partes a lo largo de todo el proyecto. Un problema que no esté debidamente contemplado y resuelto en el contrato puede arruinar la aventura internacional.

Muchas de las figuras contractuales internacionales son creadas precisamente por los propios operadores al margen del legislador para dar solución a los problemas que surgen en la práctica, de ahí que el abanico contractual es muy amplio: contratos de agencia, de distribución o de comisión internacional suscritos con agentes/distribuidores/comisionistas locales para comercializar productos o servicios en un determinado país; acuerdos de joint venture para sentar las bases de un futuro contrato social; contratos de licitación conjunta para proyectos llave en mano, son sólo algunos ejemplos.

Sin perjuicio de que en ocasiones el terreno de juego contractual está claramente definido por la propia práctica y dinámica empresarial: distribuidor que propone comercializar en nuevos mercados abriendo a otros países el territorio estipulado en el contrato o empresario que se presenta a una licitación en otro país donde el órgano licitador establece el ámbito contractual aplicable; en muchas otras ocasiones el empresario tendrá que otear en el complejo mapa jurídico de la contratación internacional cuál es el contrato que más le conviene. A efectos de esta elección, son muchos los factores a tener en cuenta: capacidad financiera del empresario, tipo de producto o servicio a comercializar, experiencias y conocimiento previo del mercado, etc.

A la hora de embarcarse en nuevos mercados, si se quiere minimizar el riesgo con una limitada inversión, un contrato de distribución internacional puede ser una buena opción. Este tipo de contratos permite acceder a mercados internacionales evitando los costes de una distribución directa a través de la constitución de una filial, una sucursal o la mera expatriación de comerciales sin apertura de un establecimiento dotado de representación permanente y de autonomía de gestión (y al margen de su configuración como establecimiento permanente a efectos fiscales). En cualquier caso, sea cual fuere el contrato elegido, en las relaciones contractuales de tracto sucesivo y con vocación de permanencia, como puede ser un contrato de distribución internacional, el contrato tiene que ser lo suficientemente flexible para evitar su obsolescencia.

Para finalizar, la elección de la Ley aplicable al contrato internacional es otro de los pilares fundamentales a tener en cuenta en toda planificación contractual. En este sentido, muchos contratos utilizados en la práctica internacional son contratos atípicos o bien porque no existe un convenio o tratado internacional aplicable (la mayoría de las ocasiones) o bien porque no existe una norma doméstica que lo regula. En cualquier caso, es siempre recomendable que el contrato se remita a una norma sustantiva (artículo 2 del Reglamento Roma I) sin perjuicio de la posibilidad y conveniencia de utilizar la lex mercatoria internacional para incorporar cláusulas o para remitirse en ciertos aspectos del contrato, lex mercatoria que aunque no esté expresamente prevista en el contrato también puede ser aplicada por los tribunales nacionales a la hora de interpretar lagunas en los contratos internacionales (los Principios UNIDROIT por ejemplo son utilizados por nuestros tribunales y por los tribunales de los países de nuestro entorno aunque no haya una remisión expresa de las partes a los mismos).Pablo Paisán

Jaime Llopis apunta en su artículo inaugural en el blog la necesidad de una previa planificación en los proyectos empresariales en América Latina. Compartiendo esta reflexión, haciéndola extensiva a los proyectos internacionales en general y escorando la planificación al ámbito contractual, en mi opinión, dicha planificación requiere de un exhaustivo análisis de las fórmulas contractuales que están a disposición de los empresarios con el fin de acertar en su elección y de conseguir una relación contractual duradera.

Si bien es fundamental no errar en la elección del compañero de viaje, igual de importante es elegir el contrato apropiado, redactando sus clausulas de forma concienzuda, artesanal y con vocación de permanencia y estabilidad porque no hay que olvidar que el contrato va a ligar a las partes a lo largo de todo el proyecto. Un problema que no esté debidamente contemplado y resuelto en el contrato, puede arruinar la aventura internacional.

Muchas de las figuras contractuales internacionales son creadas precisamente por los propios operadores al margen del legislador para dar solución a los problemas que surgen en la práctica, de ahí que el abanico contractual es muy amplio: contratos de agencia, de distribución o de comisión internacional suscritos con agentes/distribuidores/comisionistas locales para comercializar productos o servicios en un determinado país; acuerdos de joint venture para sentar las bases de un futuro contrato social; contratos de licitación conjunta para proyectos llave en mano, son sólo algunos ejemplos.

Sin perjuicio de que en ocasiones el terreno de juego contractual está claramente definido por la propia práctica y dinámica empresarial: distribuidor que propone comercializar en nuevos mercados abriendo a otros países el territorio estipulado en el contrato o empresario que se presenta a una licitación en otro país donde el órgano licitador establece el ámbito contractual aplicable; en muchas otras ocasiones el empresario tendrá que otear en el complejo mapa jurídico de la contratación internacional cuál es el contrato que más le conviene. A efectos de esta elección, son muchos los factores a tener en cuenta: capacidad financiera del empresario, tipo de producto o servicio a comercializar, experiencias y conocimiento previo del mercado, etc.

A la hora de embarcarse en nuevos mercados, si se quiere minimizar el riesgo con una limitada inversión, un contrato de distribución internacional puede ser una buena opción. Este tipo de contratos permite acceder a mercados internacionales evitando los costes de una distribución directa a través de la constitución de una filial, una sucursal o la mera expatriación de comerciales sin apertura de un establecimiento dotado de representación permanente y de autonomía de gestión (y al margen de su configuración como establecimiento permanente a efectos fiscales). En cualquier caso, sea cual fuere el contrato elegido, en las relaciones contractuales de tracto sucesivo y con vocación de permanencia, como puede ser un contrato de distribución internacional, el contrato tiene que ser lo suficientemente flexible para evitar su obsolescencia.

Para finalizar, la elección de la Ley aplicable al contrato internacional es otro de los pilares fundamentales a tener en cuenta en toda planificación contractual. En este sentido, muchos contratos utilizados en la práctica internacional son contratos atípicos o bien porque no existe un convenio o tratado internacional aplicable (la mayoría de las ocasiones) o bien porque no existe una norma doméstica que lo regula. En cualquier caso, es siempre recomendable que el contrato se remita a una norma sustantiva (artículo 2 del Reglamento Roma I) sin perjuicio de la posibilidad y conveniencia de utilizar la lex mercatoria internacional para incorporar cláusulas o para remitirse en ciertos aspectos del contrato, lex mercatoria que aunque no esté expresamente prevista en el contrato también puede ser aplicada por los tribunales nacionales a la hora de interpretar lagunas en los contratos internacionales (los Principios UNIDROIT por ejemplo son utilizados por nuestros tribunales y por los tribunales de los países de nuestro entorno aunque no haya una remisión expresa de las partes a los mismos).