Apuesto a que usted que ha viajado alguna vez a Sao Paulo está ahora mismo pensando, incluso si no es del todo consciente de ello, en el artículo 1.º de la Ley estatal n.º 9.502, de 11 de marzo de 1997, que dispone sobre avisos que deben ser fijados en las puertas exteriores de los ascensores instalados en las edificaciones públicas y particulares.

Esta ley literalmente reza: “Os prédios comerciais, edifícios de apartamentos, escritórios e outros estabelecimentos congêneres, públicos ou particulares, dotados de elevadores, ficam obrigados a fixar junto às portas externas desses equipamentos plaquetas de advertência aos usuários, com os seguintes dizeres: ‘Aviso aos passageiros: antes de entrar no elevador, verifique se o mesmo encontra-se parado neste andar.

Apuesto también a que no está exactamente pensando en si el uso del pronombre “mesmo” es correcto en portugués de Brasil, ni en el hecho de que las placas que lo contienen no suelen estar fijadas en las puertas externas del ascensor sino en las jambas o simplemente en la pared.

Apuesto a que en lo que está pensando es en una de estas dos cosas: o en que es un precioso ejemplo de ley absurda, o en que es un casi patológico ejemplo de intervencionismo legislativo.

No seré yo quien le discuta uno u otro pensamiento, que dejo para otro post. Pero la cuestión que quiero traer aquí a colación es otra: si el estándar de diligencia exigido por la ley paulista antes de entrar en el ascensor es verificar si está parado en ese piso, ¿cuál podría ser un estándar de diligencia antes de entrar en un nuevo mercado o en una nueva jurisdicción en un proceso de internacionalización?

 Llevamos unas cuantas entradas en el apartado latinoamericano de nuestro blog en las que hemos hablado de seguridad jurídica, de socios locales, de socios extranjeros y de diversidad regional. Y no creo engañarme si digo que en todas ellas hemos hecho un hueco a la idea de la planificación.

La internacionalización es la estrategia más compleja que puede abordar cualquier empresa” dice el informe “Crecimiento e internacionalización de la empresa familiar” elaborado por la Red de Cátedras del Instituto de la Empresa Familiar y PricewaterhouseCoopers, donde también leemos que la falta de información sobre los mercados internacionales aumenta la incertidumbre –ya de por sí alta– y con ello el riesgo percibido, lo que se puede convertir en un desincentivo para salir al exterior[1].

En el ámbito de la planificación jurídica de la internacionalización en América Latina, peor aún que la falta de información puede llegar a ser dar las cosas por supuestas o pensar que “allí será como aquí” (razonamiento, este último, propiciado con frecuencia por la identidad lingüística o por la tradición jurídica compartida).

Destacaría dos objetivos por encima de cualesquiera otros en el ejercicio de planificación jurídica de un proyecto de internacionalización: el primero, que el plan de negocio sea viable, entendiendo por viable que pueda ser ejecutado y producir los resultados esperados; el segundo, que no sean los temas legales que podrían haber sido previstos los que, por no serlo, malogren el proyecto empresarial.

Un reproche habitual, más o menos encubierto, al trabajo de análisis y planificación jurídica de la inversión en el exterior es el de asimilarlo a un escéptico y aséptico ejercicio que sólo tiende a generar problemas o a ponerle frenos al empuje empresarial. Nada más incierto: es, si me permiten un símil ni siquiera apropiado, como confundir el diagnóstico con la enfermedad, o la aspirina con el dolor de cabeza. Como bien decía el informe del Instituto de la Empresa Familiar, el auténtico desincentivo a la internacionalización es la falta de información o la incertidumbre; la identificación de puntos críticos y su análisis es la mejor manera de dar un consejo positivo: o el de adaptar el plan de negocio de forma a viabilizar el proyecto, o el de recomendar que recursos humanos y materiales no sean desperdiciados en vano.

“Consejo” lo hemos llamado, porque tampoco se debe perder de vista que, al final, quien toma la decisión es el empresario: ya hemos escrito que Mark Zuckerberg se hubiera ahorrado unos cuantos millones de dólares si hubiera tenido un abogado al lado cuando optó por ignorar los derechos de los hermanos Winklevoss sobre el embrión de Facebook… pero que si Zuckerberg hubiera tenido un abogado al lado durante ese periodo hoy probablemente no existiría Facebook.

Uno de los ponentes de la Mesa Redonda sobre internacionalización de la empresa familiar que hemos mencionado en la nota al pie describía la siguiente situación de la empresa en la que trabaja, un gran grupo hotelero de origen balear fuertemente implantado hoy en algunos de los principales destinos vacacionales del mundo (en el video encuentran el relato a partir del minuto 37:37). Allá por el año 1995, el hijo del fundador de la empresa, ya en funciones ejecutivas, decide participar en una misión comercial a Puerto Rico para explorar posibles nuevas ubicaciones de su actividad hotelera. Desde allí viaja en una avioneta de alquiler a República Dominicana por sugerencia de un amigo, y sobrevuela una zona que le impresiona por su belleza, sus playas, su naturaleza virgen. Pese a que el área carecía de las mínimas infraestructuras (carreteras, suministros), regresa a Mallorca con una propuesta para comprar un terreno en ese lugar desconocido, llamado Punta Cana. Reúne el Comité de Dirección de la empresa, que estudia, analiza y vota unánimemente… en contra del proyecto. Acto seguido, nuestro empresario agradece las opiniones y comunica al Comité de Dirección que iba a proceder a la compra del terreno, en el que inmediatamente se comienza a construir el hotel. El primero de muchos, dicho sea de paso.

Así que nada que objetar si, al salir de la avioneta, el empresario hace lo que cree que debe hacer. Pero, por favor, antes de entrar en el ascensor, planifique.



[1] Al hilo de la alusión a la internacionalización de la empresa familiar, hacemos mención del acto organizado el 12 de febrero de 2014 por Ulled Asociados y Casa de América bajo el título “Claves del éxito de nuestra empresa familiar en América Latina”, en el que tuvimos el honor de participar y al que se refería nuestra contribución “De la furia al toque” en el blog “Economía desde la Casa de América” en Expansión.com