Jaime Llopis, socio de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, describe el panorama electoral de Brasil en los próximos meses y cómo impactará en la forma de hacer negocios típica que ya define a Brasil.

Por Jaime Llopis

Por Jaime Llopis

Los años pares entre bisiestos acogen con precisión relojera suiza un acontecimiento que solivianta los ánimos de los brasileños. Aunque su preparación se extiende por meses o años, su fase culminante se concentra en aproximadamente cuatro semanas, entre dos momentos clave que abren y cierran el ciclo. Y al final hay un ganador.

A decir verdad, los años pares entre bisiestos acogen también otro acontecimiento que despierta gran interés en Brasil, porque son años de Copa del Mundo FIFA™.

Y es que al primero que nos referíamos es a la elección presidencial.

El primer domingo del mes de octubre se celebrará el primer acto de la elección presidencial en Brasil. Fuera de sus fronteras, esa votación (y su resultado) acapara de modo casi absoluto la atención informativa sobre el país, eclipsando, en no poca medida, el resto de los comicios: la elección de los Gobernadores de cada uno de los 26 Estados y del Distrito Federal, la elección de los diputados federales, la renovación parcial del Senado y la elección de los diputados de las asambleas estatales. Casi nada.

Brasil es una República Federal cuya Constitución consagra un régimen presidencialista con notable contrapeso parlamentario. Su organización político-administrativa comprende la Unión, los Estados, el Distrito Federal y los Municipios, todos ellos autónomos.

La descentralización de competencias es una de las claves a la hora de planificar y desarrollar negocios en Brasil, como también lo es la adecuada relación con los órganos e instituciones de las diferentes administraciones. Entender el panorama electoral (el proceso, la elección y la conformación de mayorías y gobiernos) es de gran ayuda también a esos fines y ése es el modesto objeto de esta lista de datos e informaciones de amplitud, precisión y profundidad necesariamente limitada:

  • El voto es obligatorio para los brasileños mayores de 18 años, salvo analfabetos y mayores de 70 años, so pena de multas o privación de algunos derechos.
  • El voto es electrónico en todo el país. El votante completa cinco procesos de votación diferentes en urnas electrónicas.
  • La circunscripción para la elección presidencial es única. Para todas las demás es el Estado (salvo para la elección a alcalde y a las cámaras municipales, las únicas que no coinciden en fecha).
  • La elección a Presidente de la República es una elección mayoritaria directa de un ticket (“chapa”) que incluye también al Vicepresidente, a doble vuelta entre los dos más votados en el primer turno (salvo que en esa primera vuelta una candidatura haya obtenido mayoría absoluta). El procedimiento es el mismo para la elección de Gobernador y Vicegobernador de cada Estado.
  • En las elecciones a diputados federales y estatales el sistema es proporcional de listas abiertas, en el que se puede votar al candidato o a la sigla (“legenda”). Para la distribución de escaños se suman todos los votos de cada sigla y de sus respectivos candidatos y se asigna proporcionalmente el número de diputados electos. Los candidatos que cubren ese número se determinan por sus votos individuales.
  • Los senadores también se eligen por un sistema mayoritario y su mandato es de ocho años (a diferencia del mandato de cuatro años del resto de los representantes). La renovación es parcial cada cuatro años (en unas elecciones se elige un senador y en las siguientes dos, y así sucesivamente).
  • La Cámara de Diputados federal tiene 513 miembros (un mínimo de ocho por los menores Estados, y 70 por el Estado de Sao Paulo). El Senado, 81 (a razón de tres por cada Estado y por el Distrito Federal).
  • La composición de las cámaras (federales y estatales) suele estar muy atomizada: la Cámara de Diputados registra 18 grupos (“bancadas”), el mayor de los cuales apenas supera el 17% sobre el total de parlamentarios. Junto a ello, existen frentes transversales que aportan un innegable exotismo al arco parlamentario (de entre los registrados en 2014, por ejemplo, el de políticas a favor de los taxistas o el del molido y consumo de trigo).
  • La atomización parlamentaria tiene una consecuencia directa en la configuración de los tickets a la presidencia de la República y al gobierno de los Estados: normalmente, en busca del mayor respaldo, los dos nombres de la candidatura corresponden a partidos distintos, y no siempre las mismas alianzas se mantiene en las diferentes circunscripciones. Además, las mayorías parlamentarias engloban a muchos más partidos que los del ticket principal, única forma de propiciar una cierta estabilidad al gobierno. No sé si tanto como que dé igual quién gane, pero desde luego el partido del ganador no lo dice todo a la hora de formar gobiernos, y la distribución de carteras y presidencias de empresas públicas entre los partidos de la base aliada es una buena muestra de ello.

El periodo preelectoral suele generar un impasse en la actividad política que acaba por ralentizar incluso el ritmo económico y el pulso empresarial. A ello contribuye además la exigencia constitucional de que los candidatos hayan dimitido previamente de sus cargos vigentes. Este año no será diferente, o quizá aún se acentúe por los efectos colaterales de la Copa.

Sin duda, será una nueva ocasión para que comprobemos en su máxima expresión dos características de la opinión que se publica sobre Brasil: el sesgo confirmatorio y el sesgo ideológico (de entre las muchas fuentes posibles como ésta o ésta, tomo los términos de una interesantísima conferencia denominada “Problemas epistemológicos de la Economía” impartida por el Profesor Jesús Zamora Bonilla en el Instituto Juan de Mariana).

Brasil tiene una extraña habilidad para excitar a quien gusta de opinar confirmando sus creencias previas y a quien gusta de hacerlo conforme a sus propios intereses. Los presagios sobre el desastre que iba a ser la organización del Mundial fueron un buen ejemplo: supongo que aún estamos esperando la rectificación de todos los que vaticinaron el fracaso o incluso la cancelación del evento con base, seguramente, en sus prejuicios o sus intereses (aliñados, quizá, con algo de ignorancia).

La próxima andanada de opiniones sobre Brasil será, con toda probabilidad, a cuenta de las elecciones, particularmente las conjeturas sobre los candidatos a la Presidencia de la República (Rousseff, Neves, Campos…). Pero a fecha de hoy, las pocas certezas están en la Constitución: que el segundo turno será el último domingo del próximo octubre (artículo 77) y el inicio de mandato el primer día del próximo enero (artículo 82).

Ello es lo que me lleva a pensar, y advierto de que es una opinión estrictamente personal, que el ganador de esta nueva elección presidencial en Brasil va a ser el Rey D. Felipe: quien hasta hace pocas semanas, como Príncipe de Asturias y representante de España en la toma de posesión de los mandatarios iberoamericanos, sabía que tenía que pasar en Brasilia una Nochevieja cada cuatro años.

Photo credit: Rodrigo_Soldon / Foter / CC BY