La situación normativa del urbanismo valenciano –además de polémica, hasta su validación por el Tribunal de Justicia Europeo- estaba ciertamente complicada por una pluralidad de normas no siempre bien concordadas entre sí. Nos lo cuenta Mariano Ayuso, socio del despacho.

Por Mariano Ayuso

Por Mariano Ayuso

 Teníamos no menos de seis leyes autonómicas (Ley Urbanística Valenciana, Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje, Ley del Suelo no Urbanizable, Ley de Campos de Golf, Ley de Actuaciones Territoriales Estratégicas, Ley de Vivienda) más varios  reglamentos de trascendental importancia, volumen y complejidad (Reglamento de Ordenación, Gestión, Territorio y Urbanismo, Reglamento de Paisaje –con la importancia una norma estructural-, Reglamento de Zonas, de Vivienda y numerosas normas de menor entidad pero que habían de ser cumplidas, además –obviamente- de la legislación estatal de suelo y de evaluación ambiental. Varios miles de normas que, no siempre –como decimos- estaban perfectamente concordadas y sistemáticamente estructuradas.

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"La situación normativa del urbanismo valenciano –además de polémica, hasta su validación por el Tribunal de Justicia Europeo- estaba ciertamente complicada (...)".

Ante esta situación –además en un sector muy sensible, por su complicada historia reciente y por una crisis sectorial demoledora- la Administración autonómica ha adoptado una decisión valiente y atrevida: ha aprobado con el carácter de anteproyecto, y tras un loable proceso de participación pública y de especialistas en la materia (prácticamente todo el mundo que –con conocimiento de causa- tenía algo que decir, ha tenido un foro oficial en el que poder decirlo y ser escuchado), lo que puede llegar a ser –si las Cortes así lo aprueban como ley, un texto unificado y concordado en el que menos de trescientos artículos y unos pocos anexos sustituyen a los anteriores miles de preceptos y ello con bastante orden un sistema conceptualmente claro y superador de bastantes antinomias y complejidades ciertamente incomprensibles. Obviamente, el texto –como todo en esta vida y más en las leyes que rigen actividades económicas con muchos intereses en juego- es opinable y probablemente mejorable –aunque sea difícil en una norma ofrecer tanta síntesis regulatoria y descomplicada.

Obviamente no es un blog el lugar para hacer una explicación pormenorizada de una Ley Urbanística de trescientos artículos –tiempo habrá, si a los lectores les interesa y lo demandan-, baste ahora con dejar indicado que la Ley sigue y regula los aspectos tradicionales de una Ley Urbanística –o Ley del Suelo-, ya que regula los tres aspectos esenciales: planeamiento urbanístico –en torno a dos ejes fundamentales (la ordenación estructural y ordenación pormenorizada) en términos bastante simplificados), incardinando en ellos la evaluación ambiental cuando proceda); la gestión urbanística (en la que busca armonizar los derechos de los propietarios con la iniciativa y la gestión pública y empresarial, lo cual había sido uno de los puntos de fricción del sistema valenciano) y finalmente una regulación de la disciplina urbanística acorde con las actuales tendencias del cumplimiento por los propietarios de os deberes de conservar, edificar y rehabilitar.

Veremos el texto final que sale de la tramitación parlamentaria, pero el anteproyecto apunta a un texto sólido, coherente y bien armonizado, que probablemente pueda ser utilizado por otras Comunidades Autónomas para resolver problemas semejantes a la caótica situación normativa urbanística que terminó por colapsar el sistema valenciano.