La Política Agraria Común (PAC) es una materia de la que todos, o casi todos, habremos oído hablar pero que no sabemos de qué va exactamente, es un tema recurrente del que advertimos su gran importancia para la agricultura de los países miembros de la UE, pero su excesivo tecnicismo frena los intentos de saber más. Luis Murillo, consejero y abogado de la firma,  nos aproxima a ella.

La reciente reforma, mediante la publicación de los nuevos reglamentos en 2013 y su entrada en vigor en 2014, tras años de complicadas negociaciones, ha puesto el tema en primera línea de la actualidad agraria.

La PAC es una cuestión ciertamente muy técnica, yo la conocí de muy joven en  casa y luego tuve que lidiar con ella como letrado del Gobierno de Aragón. En España entramos en la PAC, a la vez que en todas las políticas comunitarias, en 1 de enero de 1986, con nuestra entrada en las Comunidades, sin embargo lo que se notó de un modo espectacular en el mundo agrario español fue la PAC resultante de la reforma de 1992.

En los noventa el problema es que la agricultura se convertía en un sector subsidiado, es decir, poco apetecible para el emprendimiento y los proyectos empresariales. Lo cierto es que, con poca base científica pero con fuerte apoyo en la realidad, siempre he pensado que la reforma de 1992 sirvió para la retirada digna de sus explotaciones de muchos agricultores y para que los que se quedaran atendieran mayor número de hectáreas.

Es a todas luces evidente que la población agrícola ha disminuido de modo drástico, y en este escenario, la reforma de 2003 desvinculó los derechos de la PAC de la producción y, con el régimen de pago único, los vinculó al agricultor, al cultivador personal. Se refuerza la figura del que se dedica al campo, cuestión axial: es necesaria la población agraria para el mantenimiento del sector primario de la economía, para el desarrollo rural y para la conservación del medio ambiente.

Las líneas de la reforma de 2003 las continúan los nuevos reglamentos comunitarios publicados en diciembre de 2013. Se definen dos pilares en la PAC: la competitividad de la agricultura europea y el desarrollo rural.

Se trata de lograr una agricultura que esté en el mercado mundial, si bien con ayudas compensatorias al agricultor pero no a los precios, una agricultura sostenible, que sea respetuosa con el medioambiente, multifuncional y esté presente, en sus distintas formas y variedades, en todo el territorio de la Unión Europea.

Se refuerza la idea del condicionado medioambiental de las ayudas, este es un punto crucial, el cumplimiento de las prácticas agroambientales correctas que se aprueben por cada Comunidad Autónoma es fundamental en la concesión y mantenimiento de las ayudas.

Esto no lo instaura la reforma de 2013 sino que lo potencia. La primera reacción ante un condicionado ambiental suele ser una reacción defensiva, reactiva, crítica, y de cumplimiento formulario de obligaciones.

La segunda reacción, cuando se comprueba que el condicionado tiene sentido al menos en un 90% y que no sólo no va a ser retirado sino que se refuerza, es una reacción de asunción, proactiva y de cumplimiento sustancial porque con ese cumplimiento potenciamos el propio negocio.

Hace ya tiempo, 1993 ó 1994, en una romería un agricultor me trasladó cuál era su  idea de la evolución de la PAC y con el tiempo he visto que tenía razón. Enfatizaba mucho en la cuestión ambiental y en el mantenimiento de las explotaciones trabajadas por menos agricultores porque la moderna maquinaria permite cultivar más y mejor con menos gente.

Donde no entramos, en esa ya antigua conversación, fue en el punto del desarrollo rural, hoy segundo pilar de la PAC.

Aquí se van a ir parte de las ayudas. Es decir, se orientan las ayudas al desarrollo rural de un modo global, no sólo atiende este pilar a la agricultura sino, globalmente, a una política de desarrollo rural de la que la agricultura forma parte importante.

El objetivo es implicar el gasto agrícola de la Unión con el desarrollo rural.

Según el Consejo Europeo de Berlín se trata de garantizar que el gasto agrícola contribuya más que en el pasado a necesidades tales como la gestión del espacio, la protección de la naturaleza o la instalación de jóvenes agricultores.

Se trata de vincular las ayudas a la consecución de un efectivo desarrollo rural, atarlas más, por ejemplo, al empleo de mano de obra en la zona.

La reforma de la PAC pretende fundarse en dos pilares que constituyen un reto de futuro: la competitividad y el  desarrollo rural, ello ha de marcar también las líneas de las políticas agrarias nacionales. Entiendo que estos dos pilares en que se funda y asienta la PAC han de orientar la legislación positiva española, la práctica de los poderes públicos y la actuación de nuestras empresas.

Estamos ante un reto de futuro muy importante que no determina la supervivencia del sector primario, dado que el campo siempre permanece aún en las peores crisis, pero sí que va a determinar su crecimiento y su calidad de vida en un futuro muy cercano para el que va a ser necesario cambiar estructuras, modos de actuar y mentalidades.