Los objetivos de Desarrollo Sostenible, fijados por Naciones Unidas el pasado mes de septiembre en la Agenda 2030, han puesto el acento en valores universales como la igualdad, la justicia, la paz, la diversidad cultural y la seguridad. Se trata de una llamada a la acción para que países, gobiernos, ONG, el sector privado y los propios ciudadanos asumamos el compromiso de construir un entorno mejor.

Nuestra concepción del mundo ha cambiado. Los avances tecnológicos, las redes sociales, el constante flujo de la información, la economía colaborativa o el empoderamiento de las personas, han incrementado la conciencia social ante las situaciones de emergencia que surgen a pequeña y gran escala.

Y en esta ola de cambio, la manera en que prestamos nuestro apoyo al prójimo también está evolucionando. El tradicional concepto de caridad, entendido como el dar, está dando paso a una responsabilidad por conseguir resultados, por ayudar generando conocimiento y aportando valor. Se trata de actuar de raíz en vez de aliviar carencias y por ello debemos replantearnos la manera en cómo desarrollamos nuestro negocio, nuestro modo de trabajar y nuestro modus vivendi. En esencia, no solo se trata del qué, sino del cómo.

Tanto la sociedad civil como el mundo empresarial se preguntan qué papel pueden y deben desempeñar en la mejora del mundo. El concepto de filantropía tradicional se está revisando y estamos avanzando hacia un modelo de ayuda social profesionalizado y concebido de forma estratégica.

Con el objetivo de conocer este nuevo escenario sobre responsabilidad social, el pasado 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, presentamos el evento “La filantropía del siglo XXI”, bajo el lema “cada paso que damos deja huella”. Tuvimos la ocasión de conocer modelos de filantropía de éxito a través del testimonio de sus impulsores, todos ellos protagonistas de esta nueva conciencia sobre la necesidad de contribuir a mejorar el mundo con un enfoque de vanguardia. El compromiso social debe ir unido a la aportación de valor para conseguir un cambio social duradero, eficiente, sostenible y con un impacto medible.

Los testimonios que escuchamos presentan un modelo de filantropía “catalítica”, es decir, se ponen en marcha actuaciones en las que el compromiso social tiene un efecto dinamizador, de impulso que moviliza los distintos agentes y que utiliza todos los recursos disponibles aportando además conocimiento práctico. Los testimonios que escuchamos han sido una llamada a la acción, un mensaje común de que todos podemos ser motores del cambio.

 

*Autoras: Maribel Villaró y María Moína, área Tributario y Financiero.