El caso islandés nos enseña cómo un estado puede quebrar económicamente manteniéndose muy vivo jurídica y políticamente. ¿Islandia quebró? En cierto sentido sí, en otros no. Entiéndanme bien, no pretendo afirmar que los islandeses acertaran en sus decisiones, puede que erraran muy gravemente, pero lo que es cierto es que esas decisiones fueron suyas.