La robótica es uno de los mayores retos a los que se enfrentará el ser humano en los próximos años. Los distintos avances en el campo de la inteligencia artificial y las incontables ocasiones en las que la ciencia ficción se ha referido a los robots hacen de ésta una de las tecnologías disruptivas que más inquietudes despierta, pero ¿sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de un robot?

Como no podía ser de otra manera, la ciencia ficción jugó un papel clave en la creación de la palabra robot. En el año 1920, en la obra teatral R.U.R., Rossumovi Univerzální Roboti (Los Robots Universales de Rossum), su autor, el checo Karel Ĉapek, utilizó por vez primera el término robot para referirse a un tipo de androide que había sido creado por el ser humano para servirle.

Ĉapek se valió de la palabra checa "robota", que significa trabajo forzado y que a su vez deriva del término eslavo “rab” (esclavo), para crear un nuevo concepto, el de robot.

Desde entonces, el concepto de robot -sin perjuicio de las múltiples referencias cinematográficas que lo han presentado como una máquina dotada de una extraordinaria capacidad de raciocinio- ha estado asociado a máquinas que, una vez programadas, son capaces de realizar una serie de movimientos de forma repetitiva.

Esta clase de máquinas meramente hacedoras experimentó un auge a finales de los 70 e inicios de los 80, cuando gran parte del sector industrial de los países desarrollados decidió instalar sistemas robotizados para su proceso de producción, reduciendo costes y tiempo.

Hoy, como consecuencia de los distintos avances tecnológicos, la palabra robot comienza a responder a una realidad más sofisticada. Prueba de ello es la aportación del experto en robótica George Bekey (JORDAN, J.M. Robots. MIT Press [2016]), quien define al robot como aquella máquina capaz de percibir, pensar y actuar (“sense, think, act”).

Precisamente el "pensar", entendido como dotar de inteligencia artificial a una máquina, es el elemento clave en el salto cualitativo que se espera en la robótica. Queda atrás la idea de robot que se limita a hacer ("stupid robot"), y aparece el concepto de robot como máquina que recibe información de su entorno, la analiza y, en consecuencia, toma una decisión ("smart robot").

Ante esto, los desafíos que se le abren al ser humano son muchos y variados. Buena muestra de ello es la reciente creación del Future of Humanity Institute en la Universidad de Oxford, encargado de investigar las perspectivas para el futuro de la humanidad a raíz de los avances en robótica e inteligencia artificial.

La realidad y relevancia de esta materia no pasan desapercibidas ni siquiera para el legislador, pues ya se están dando los primeros pasos desde la perspectiva normativa. Así, a nivel europeo, la europarlamentaria luxemburguesa Mary Delvaux presentó en mayo de este año un proyecto de informe a la Comisión Europea sobre normas de Derecho civil sobre robótica. Mientras, el pasado mes de octubre, se publicó en EEUU el informe "Preparing for the Future of Artificial Intelligence", en el que, además de analizar el impacto de la inteligencia artificial en nuestra sociedad, lanzaba una serie de recomendaciones.

Por su parte, el European Trade Union Institute celebró el pasado mes de junio una serie de conferencias bajo el título “Shaping the new world of work. The impacts of digitalisation and robotisation”, que tuvieron como principal objeto de debate la digitalización y la robótica en el mercado laboral.

Teniendo en cuenta el estado actual de la robótica y su evolución exponencial a la luz de la Ley de Moore (ya explicada en un post anterior), el futuro que se abre es incierto a la par que desafiante en multitud de sectores. Quizás, dada la incidencia de la ciencia ficción en este campo, debamos acudir a ella para visualizar algunos retos futuros.

Y es que, retomando el inicio de este post, en R.U.R., los robots acaban revelándose contra el ser humano. Avisados estamos.